The Things They Are Not Changing

Hace un año que decidí volver a casa y ponerme a estudiar de nuevo, y como yo soy así de melancólico y reflexivo, he analizado como estaba antes y como estoy ahora, un año después, y ¿sabeis qué? Pues que he llegado a la conclusión que en mi vida no ha cambiado absolutamente nada.

Para empezar mi trabajo , un trabajo de mierda en el que tengo que atender llamadas de subnormales profundos que no saben buscar la información por internet, y en el cual sigo porque mis jefes no me dan la vara y puedo meterme en internet a visitar páginas culturales como pornotube o yonkis.com.

Luego está mi familia, con mi madre tan pesada como siempre y dandome la tabarra con que si arregla la habitación o si ves a sacar a la perra… Creo que en casa vive también mi hermana, pero de esto no estoy seguro. El caso es que ya empiezo a echar de menos las juergas y la vagancia de la vida independiente.

Mis amigos tampoco han cambiado; siguen tan drogadictos y frikis como siempre, lo cual no sé si es bueno o malo. También tengo un nuevo grupo de amigos de clase, pero son tan drogadictos y frikis como los anteriores o incluso más, así que tampoco cuenta como novedad destacable.

Respecto a las mujeres… En fin, digamos que guardo un profundo y salvaje odio por el género femenino. Sin más.

Y luego por supuesto, están mis miedos, mis dudas y mis paranoyas, tan típicas mias. Tengo el pensamiento más disperso que un pajillero en una convención de chicas playboy, y así no se puede ir por la vida. Y así me va, claro.

Y entonces me acuerdo una vez más de aquello de “el tiempo todo lo cura” o “el tiempo cambia a la gente” y yo vuelvo a decir: “Los huevos”. Cambian las circunstancias, no las personas. Es decir, que somos siempre lo que somos, y no podemos evitarlo.

Tan perdedor e iluso como siempre, justo como hace un año.


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