Radiohead en Nimes

Ir a ver a Radiohead en concierto, y en el extranjero. Quien me lo iba a decir hace apenas un año, cuando avorrecia a Thom Yorke y compañia. Pero un “arcoiris” apareció en mi vida, cambiando totalmente mi percepción del grupo y de su música. 

 Así que ya me ves, madrugando un sabado por la mañana y prepararme para un largo y pesado viaje de 5 horas hacia la sureña ciudad francesa, y en compañia del chofer y auténtico impulsor de la aventura, nuestro estimado Biel.

Con más comodidad y antelación de la esperada llegamos a Nimes a eso de las 15.00, lo que nos da tiempo para ir a dar una vuelta por la ciudad, preciosa y encantadora por cierto. A las 18.00 ya nos acercamos a las Arenas de Nimes, que no es más que un coliseo romano rehabilitado para corridas de toros y conciertos. La verdad es que el recinto es tremendo. Realizar un concierto en un sitio así, tan antiguo y con tanta historia, es todo un acierto, porque confiere más magia y misticismo a la música.

Tras una pesada y tensa espera abren las puertas a las 18.30, y es aquí cuando justo antes de entrar me detienen y me confiscan la cámara, con el lógico cabreo y jodienda por mi parte. En fin, lo importante es que voy a ver a Radiohead en directo, no pasa nada.

 A las 20.30 empiezan los teloneros, Bat for lashes, que son un tostonazo considerable. Sin pena ni gloria pasan, y encima consiguen poner más nerviosa a la peña, porque Radiohead se hacen de rogar. No salen hasta las 22.00, ya de noche, cosa que se agradece en un concierto.

El comienzo sorprende por atípico. Un Reckoner que sonó muy bien, pero que no acabó de encender a la gente. Eso sí, ya con la primera canción nos damos cuenta de varias cosas: el sonido es bestial y Thom Yorke anda con la voz muy afinada.

Después se suceden varias canciones que van caldeando más el ambiente, como Weird Fishes, Pyramid Song o There There. No me olvido tampoco de All I Need, mi preferida del “In Rainbows” y cuyo final puso la piel de gallina hasta a la estatua de Manolete que hay fuera del recinto.

Uno de los momentos álgidos fue Nude, que sonó muy triste y delicada. Otro de los más destacados (para mi el que más) fue la colosal interpretación de The National Anthem, cuyos efectos fueron devastadores, tanto que parecia que el “Arenes de Nimes” iba a derrumbarse en cualquier momento.

Después, más canciones de In Rainbows (de hecho lo tocaron enterito), y más momentos gloriosos, como Where I end you begin o Everything in it’s right place.

 Los bises algo más flojitos, aunque nos dejaron una última joya con nombre de Exit Music y un Karma Police que no esperaba nadie.

Al final, el grupo se despide casi sin dar concesiones, casi sin despedirse, en un gesto algo chulesco. Se les consiente, porque el concierto ha sido espectacular y porque ya sabemos que Radiohead son así. De hecho, habiendolos visto en directo por primera vez, confirmo mis sospechas sobre este grupo. Y es que tienen material suficiente como para hacer historia, podrian llenar estadios si quisieran, pero su apuesta estética, musical y comercial parece enfocada a autodestruirse como gran grupo de masas.

Lo son aunque no quieran, simplemente porque tienen canciones que son muy buenas, pero que nadie les otorgue puestos que no les pertenecen. Radiohead juegan a otra cosa. Un concierto suele ser una fiesta. Un concierto de Radiohead es una maravilla.

A falta de fotos del concierto, os dejo con un video de The National Anthem, canción que como ya he señalado antes, fue uno de los momentos gloriosos del concierto.


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