Pozos de ambición, la consagración de Paul Thomas Anderson
Si hay un niño mimado de la crítica estadounidense, ese es Paul Thomas Anderson, un interesante director que ya había mostrado su talento en ese apocalíptico drama coral titulado Magnolia. La Academia de los Oscar así se lo ha reconocido, nominándole a la categoría de mejor dirección, y por supuesto mejor película.
There will be blood (en España decentemente traducida por Pozos de ambición) es un drama épico que reconstruye la vida de los mineros californianos a finales del siglo XIX y principios del XX, en pleno boom del petróleo. Daniel Day Lewis, en otra actuación brillante, y por la que seguramente obtendrá el Oscar, interpreta a un prospector que intenta adueñarse de un yacimiento, enfrentándose a un predicador (Paul Dano, el chico de Little Miss Sunshine), y destruyendo a su familia y su vida en el proceso.

Paul Thomas Anderson ha construido un meticuloso, y casi obsesivo film de carácter épico, de superación personal, pero también de caída y destrucción, provocada por la desmesurada ambición de unos personajes completamente abocados a la destrucción, perdidos entre dos mundos, en el que conviven el progreso y la tradición, retratando un país de predicadores, farsantes, ladrones y nuevos ricos capaces de matar por el tan preciado “oro negro”. Es en este sentido un duro retrato de los orígenes de Estados Unidos, y una ventana al mundo, nuestro mundo, que enseña las miserias y las debilidades del ser humano cuando se enfrenta a algo tan grande que no puede controlar.
La película se mueve constantemente en un terreno hipnótico, fascinante, aún a pesar de la austeridad narrativa de la que hace gala Anderson con esta película. Nada que ver con el ritmo ágil y montaje preciso de Magnolia. Aquí son los personajes los que hacen avanzar la historia, los que nos adentran en esa espiral de obsesión y cierta locura, refrendada con algunas escenas de cierto humor negro. También ayuda a este propósito la inquietante, paranoica y experimental banda sonora compuesta por Johnny Greenwood, guitarrista y compositor miembro de Radiohead.
En los últimos tiempos se ha dudado de la capacidad del cine norteamericano para generar obras maestras como lo hacía en el pasado. Yo nunca he dudado del cine americano, pues por muy malas películas que se hagan hoy en día, también sale un cupo de cinco o seis películas de gran nivel cada año. Miren sino El asesinato de Jesse James, o No country for old men, o la película que hoy nos ocupa, películas todas ellas de una hondura emocional y estética sencillamente apabullante, que nos confirman aquello que dijo Boyero, de que si “una película americana es buena, es insuperable”.
There will be blood se queda a un paso de ser una obra maestra (le sobran quizás 10 minutos, por el inicio y por el final), pero se trata de una grandísima película, que compite con una durísima pugna junto a la película de los Coen, por saber cuál de las dos es la mejor película del año. Mañana conoceremos el resultado.
Sobre esta entrada
Estás leyendo: “Pozos de ambición, la consagración de Paul Thomas Anderson,” del blog de: TheJoseTree
- Publicado:
- 02.23.08 / 9pm
- Categoría:
- Cinefilia
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