La teoría del caos

“El aleteo de una mariposa en California puede generar un tornado en Japón”.

 Esta frase, conocida como el efecto mariposa fue formulada por el físico y matemático Edward Lorenz, y explica uno de los principios de la teoría del caos: las consecuencias de un acto son impredecibles e incontrolables.

El ser humano ha considerado siempre el caos como el desorden o la aleatoriedad del cosmos, pero la teoría del caos lo que hace precisamente es contradecir esta afirmación: el caos no es más que un sistema complejo y ordenado, pero que debido a su alta sensibilidad a las condiciones variables del sistema el resultado final de la equación puede sufrir alteraciones graves. Vamos a explicarlo para que lo entendamos todos, con uno de los ejemplos más claros, el de la ramita y el río.

 ”En la región conservadora, lejos del borde caótico, los elementos se agrupan lentamente, sin mostrar pautas definidas”.

Si dejamos una ramita en un punto X del río y la dejamos simplemente a merced de la corriente, esa ramita llegará a un punto Y. Si al día siguiente dejamos esa ramita en el mismo punto X, y con las mismas condiciones ambientales, esa ramita no llegará a un punto Y, o no tendrá que hacerlo necesariamente. “Nunca te bañarás dos veces en el mismo río”. Os suena, ¿verdad?

Otro famoso ejemplo es el de la gota en la palma de la mano, el que explicaba Ian Malcolm en Jurassic Park (una película de mucho más contenido del que aparenta): si dejamos caer una gota de agua en la palma de nuestra mano la gota irá en una determinada dirección, pero si repetimos la acción, exactamente en las mismas condiciones y dejando caer la gota en el mismo punto, la gota no irá en la misma dirección. Bueno, podría hacerlo, solo que puede tener una probabilidad del 0,001% de seguir exactamente la misma trayectoria, es decir, casi imposible.

¿Por qué sucede esto? Pues porque en los sistemas complejos existen infinitud de variables y fluctuaciones que provocan que el resultado a la equación difiera siempre de lo previsto. Es decir, en el río hay piedrecitas o corrientes de agua que provocan una serie de reacciones en cadena multiplicadas por cientos de ellas y que provocan que no se pueda predecir donde va a acabar la ramita. Por eso es tan dificil predecir la meteorologia, o, llevandolo a un terreno más nuestro, la conducta humana.

“La autoorganización tiende a la complejidad conforme el sistema avanza hacia el borde caótico”.

La teoría del caos, o teoría de la complejidad, ha sido aplicada a varios terrenos de estudio, tales como la economia, la física o la psicologia, que es en lo que me detendré en este artículo.

Algo muy a tener en cuenta al respecto es la relación cuantitativa, es decir, la relación entre causa y efecto. Esta relación vendría a decir que causa y efecto son directamente proporcionales; una gran causa provoca un gran efecto, y una pequeña causa provoca un pequeño efecto. Esto lo vemos diariamente en la familia, con nuestros amigos o nuestras parejas. Y es que cuanto mayor sea la repercusión de nuestros actos peor serán las consecuencias, porque en el proceso intervienen una serie de variables y fluctuaciones que afectan a más personas que cuando la repercusión de nuestro acto es pequeña. Esto es así, pero solo en teoría, pues en un sistema complejo una causa pequeña puede provocar un gran efecto dependiendo de la complejidad del sistema. Por eso no podemos predecir cuales serán las consecuencias. Podemos medir más o menos la gravedad o complejidad de nuestras acciones, pero nunca exactamente como se darán las consecuencias.

“Al aproximarse al borde caótico los elementos dan señales de conflicto interno. Una región inestable y potencialmente letal”.

La complejidad del sistema caótico se traduce en múltiples vias y caminos vitales que podemos recorrer. Si pensamos detenidamente en la cantidad de caminos y posibilidades que tenemos a nuestro alcance, no solo en nuestra vida, sino diariamente, podriamos volvernos locos midiendo el alcance de cada uno de ellos. Si el aleteo de una mariposa provoca un tornado es simplemente porque ese pequeño acto puede provocar una serie de reacciones en cadena que desemboquen en un resultado de consecuencias enormes.

Así pues, los humanos realizamos acciones cuyos resultados desconocemos o escapan simplemente a nuestro control, y cualquier pequeña variación en la base del sistema conductual puede provocar cambios drásticos en la conducta final.

Esto es fácil de ver en este ejemplo: Un tipo se levanta temprano como cada mañana para ir a trabajar, se ducha, se afeita, desayuna y sale de casa escopeteado para coger el bus. Pero al día siguiente se levanta, se ducha, y Ay!, afeitándose se hace un corte que le retrasa unos minutos respecto al tiempo que él tiene calculado minuciosamente para llegar temprano a coger el bus. Esto hace que salga de casa deprisa y corriendo y que al cruzar la esquina de la calle choque con otra persona. Esa otra persona caerá al suelo por el choque y todos sus documentos se mancharán al caer en un charco, precisamente el día que tiene que ir a una importante reunión de trabajo donde su futuro laboral pende de un hilo. El hombre asiste a la reunión, pero no dispone de una copia de esos documentos por lo que no puede realizar su trabajo, de manera que los jefes deciden despedirlo. El hombre regresa entonces a su casa, y debido al estrés y la presión por su futuro laboral y las deudas que tiene contraidas decide suicidarse.

La historia es ficiticia claro, pero no descabellada, y sirve como claro ejemplo de la enorme repercusión que puede tener un simple acto, tan simple como el de cortarse con una cuchilla de afeitar. Así pues queda claro que todos, ABSOLUTAMENTE TODOS NUESTROS ACTOS TIENEN CONSECUENCIAS, y estas son además, totalmente impredecibles.

“Al borde del caos se producen resultados imprevistos. La supervivencia se ve seriamente amenazada”.

Otro aspecto destacable de la teoría del caos aplicada a la conducta humana es el que se refiere a los conceptos de costo y beneficio, y que teneis muy bien explicada en este artículo. Lo que viene a decir básicamente es que tendemos a tomar decisiones en base a un análisis basado en nuestra experiencia, valorando siempre los beneficios de esa decisión, pero también los costos. Si el beneficio es mayor, o como mínimo, compensa el costo previsible, tomamos esa opción, porque el margen de beneficio es positivo. Sin embargo aquí es donde actúa el caos, pues estas previsiones pueden o no cumplirse. Por ejemplo, una mujer que duda entre dos hombres y quiere a ambos por igual, pero para su decisión decide poner en una balanza pros y contras de sus personalidades, llegando a la conclusión de que uno de ellos le proporcionará más seguridad y estabilidad. Pero aquí que en esta estructura compleja se produce un cambio imprevisto y el carácter de esta persona se vuelve inseguro e inestable. La relación empiueza a no funcionar y la mujer entonces se arrepiente de su elección, pero… ¿Cómo puede solventar este problema? Simplemente no puede, porque no se puede volver atrás. De la misma manera que la ramita no podrá remontar por sí sola el curso del río, las personas no podemos rehacer nuestras elecciones, y si lo hicieramos nunca volvería a pasar lo que teniamos planeado anteriormente al momento de la toma de nuestra decisión, pues las variables de la orden secuencial en la equación habrían cambiado. O lo que es lo mismo: la vida sigue, sigue su propia evolución, no hay vuelta atrás posible.

“Tras eliminar los elementos destructivos puede producirse una reestabilización parcial. La supervivencia viene determinada en parte por sucesos aleatorios”.

La cuestión desemboca entonces en como arreglamos esas deficiencias de conducta o esos problemas derivados de una decisión equivocada. Y es ahí donde entra otra de las teorías del caos, y es la regeneración del sistema mediante la retroalimentación positiva. La retroalimentación negativa tiende a corregir un error, mientras que la positiva busca el cambio. Lógicamente cuánto mayor sea el problema más drástico será el cambio, y dependiendo de cuánta diferencia hay entre lo previsto antes de la elección definitiva y lo acontecido realmente después de esa elección. Es decir, medir nuestro grado de satisfacción y si corresponde al análisis realizado con anterioridad. Si el resultado final se distancia mucho de ese análisis previo, buscaremos mayoritariamente el cambio. Si no se distancia mucho, aunque lo haga sustancialmente, nos quedaremos como estamos, porque “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Este inmovilismo y conservadurismo es el que ha frenado muchas veces el progreso de la ciencia o el arte, y por extensión el de la humanidad y el de millones de personas en sus vidas personales.

“Lo que realmente me interesa es si Dios tuvo alguna elección en la creación del mundo”. Albert Einstein

Como veis la teoría del caos tiene una aplicación teórica y práctica en lo que se refiere al comportamiento humano. No en vano a finales de los noventa ya se dijo que la teoría del caos y de la complejidad sería la ciencia del siglo XXI junto a la física quántica. Hace poco un analista económico al que vi en una tertúlia televisiva, y en referencia a la crisis financiera, mencionó la teoría del caos aplicandola a los ciclos económicos y a la inestabilidad y lo impredecibles que resultan. En un mundo globalizado esto cobra mayor importancia, pues una pequeña decisión tomada en un banco de Estados Unidos ha podido repercutir en la economia de miles de familias en todo el mundo, de la misma manera que una pequeña decisión en un momento determinado puede dañar o afectar a nosotros mismos y a los demás, y además sin saberlo. Se ha hablado también de la teoría del caos respecto a la evolución de las especies, explicando que tal vez la extinción de muchas de ellas no se ha debido tanto a cambios drásticos del clima o de sus habitats, sino a cambios drásticos en su comportamiento, y es entonces cuando no es descabellado pensar en una extinción del ser humano debido a cambios importantes en una conducta global, debido a una gran guerra mundial (peor aún que las que ya hemos vivido) o una gran depresión economica como la que se avecina. No es un pensamiento catastrofista, es la aplicación de una teoria que se ha mostrado real y palpable. He ahí su complejidad y relevancia.


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